viernes, 29 de junio de 2012

¿Y ahora qué hacemos con nuestra desilusión?


Todos hemos pasado por una desilusión, sabemos lo que significa desengañarse y sentirse confundido. ¿Pero qué tal después? Tras el trago amargo viene la redefinición de objetivos y una nueva perspectiva. Sobre la desilusión personal no es necesario abundar más.

Me interesa describir la desilusión individual que lleva a grandes procesos creativos y de revolución del pensamiento. También quiero describir la desilusión colectiva que genera y desemboca en cambios estructurales de la sociedad.  

Hace días me encontré con una definición muy interesante sobre la desilusión, pronunciada  por Max Planck en su conferencia “La posición de la nueva física ante la intuición mecánica de la naturaleza”, durante la Reunión de Científicos y Médicos Alemanes de Königsberg en 1910. Planck expresó formidablemente la relación entre la desilusión y el aprendizaje:

"También una desilusión, cuando es exhaustiva y definitiva, significa un paso hacia adelante. Y el sacrificio al que va unida la resignación, será compensado en abundancia con la obtención de los tesoros del nuevo conocimiento”  

En 1875 Max Planck se graduó en matemáticas y física en la Universidad de Múnich. Cuando externó el deseo de continuar sus estudios en el área de la física teórica, su profesor Philipp von Jolly le aconsejó dedicarse a ota cosa, pues los avances logrados en la termodinámica, la mecánica y la electrodinámica convertían a la física en una ciencia madura. Von Jolly y sus colegas consideraban que hacía falta definir uno que otro concepto y comprobar una que otra teoría para considerar a la física en la cúspide de su desarrollo.  

Max Planck ignoró la recomendación del físico experimental, se fue a Berlin y desarrolló sus estudios teóricos para revolucionar después a la física clásica y recibir en 1918 el Premio Nobel por sus aportaciones.

Sin embargo, Planck vivió un intensa lucha personal que confrontó sus conocimientos de la física clásica y sus creencias religiosas con los resultados de sus descubrimientos científicos. En 1910 Planck describió su conflicto personal en una carta:

Sintetizado, puedo calificar todo el hecho como un acto de desesperación. Soy pacífico por naturaleza y evito las aventuras inquietantes, pero desde hace seis años me he debatido con el problema del equilibrio entre radiación y materia sin encontrar un resultado. Yo sabía que era un problema fundamental para la física y conocía la fórmula que expresa la distribución de la energía en el espectro normal; entonces debía encontrarse una percepción teórica a cualquier precio, aunque éste fuera muy alto. La física clásica no alcanza para eso, de eso ya me dí cuenta.”

Al recibir el Premio Nobel, Planck enfatizó el valor de sus aportaciones científicas, pero nunca pudo decidirse por uno de los dos teoremas principales de la termodinámica:

“... la constante cuántica tuvo que jugar un papel fundamental en la física, en ese entonces se presentó algo muy nuevo para mí, hasta entonces inaudito, que parecía estar llamado a rediseñar nuestra forma de pensar la física, la cual, desde la fundación del cálculo infinitesimal de Leibniz y Newton se sostenía en la suposición de continuidad de todas las relaciones causales.”

Con la desilusión de Planck quiero destacar el aspecto positivo de las grandes decepciones. La desilusión nos permite abandonar una ilusión creada con anterioridad, liberarnos de una imagen falsa que teníamos de alguien, o una interpretación errónea que hicimos de algo. De esa experiencia resulta siempre un conocimiento nuevo.

Generalmente relacionamos a la desilusión con tristeza, frustración o resignación, pues  significa la destrucción de espectativas, esperanzas o percepciones. Ilusionados, privilegiamos la fantasia y la imaginación, nos engañamos a nosotros mismos.

A nivel colectivo, también nos creamos ilusiones respecto a ideas políticas, tendencias económicas o creencias religiosas. Las posibilidades de desilusionarnos aumentan cuando nos hacemos preguntas y buscamos respuestas. Es decir, cuando ponemos en tela de juicio las verdades absolutas y las creencias heredadas. No cualquiera se aventura a confrontar ésto con la diversidad de posiciones e ideas opuestas.

Retomo mi pregunta inicial: ¿Y ahora qué hacemos con nuestra desilusión? Me refiero concretamente a la desilusión colectiva que compartimos los mexicanos. A lo largo del siglo XX, a la sombra del partido único en el poder y después, con la experiencia de dos sexenios panistas en el siglo XXI, la decepción colectiva ante el Estado, los políticos y las instituciones de gobierno es más que evidente.

Así, la amenaza del regreso del PRI al poder responde a la desilusión colectiva de un amplio sector de la población durante dos sexenios panistas. Mientras que otra mayoría desilusionada apuesta por la opción de la izquierda. Asimismo, la mediocre constelación de los cuatro candidatos para 2012, refleja la profunda decepción hacia la figura presidencial. 

"¿Por cuál candidato presidencial votar ahora? ¡Decídete por el menos peor!"
Francisco Javier Lagunes Gaitán (fb)
 
¿Por qué hablo de desilusión colectiva? Nadie puede negar la decepción generalizada y sus expresiones más evidentes en el miedo, la desconfianza, el abuso de autoridad, la impunidad, la corrupción, la indiferencia, pero también en la rebeldía inteligente de los estudiantes de la Universidad Iberoamericana y en el activismo espontáneo de los jóvenes que conforman el movimiento“Yo soy +132”.  

Hace ya varias semanas que empecé a considerar la desilusión como un importante fenómeno colectivo en el México del siglo XXI. Y es que el concepto desilusión es un nuevo enfoque empleado por los historiadores, para entender desde otro punto de vista, los acontecimientos que implican el desmantelamiento colectivo de las espectativas sociales, generadas en momentos específicos de cambio. Un momento como en el que protagoniza México actualmente.  

La desilusión es una característica de las sociedades modernas, cuando a partir del siglo XVI entraron a escena nuevos actores políticos y sociales y se diversificó su espectro de intereses, ampliando las espectativas de participación e igualdad.  

Un ejemplo histórico de la desilusión colectiva es la Ilustración, pues destruyó a gran escala,  las ilusiones que la humanidad tenía sobre sí misma, sobre el mundo y sobre Dios. Y todos conocemos los aspectos positivos y multiplicadores de la Ilustración.  

Sin embargo, la desilusión alemana tras la derrota en la Primera Guerra Munidal, desembocó en el proceso de descontento y radicalización, que llevó en 1933 al Partido Nacionalsocialista al poder.  

Otra condición para experimentar la desilusión colectiva es la creación de grandes espectativas tras un cambio estructural. Por ejemplo, los movimientos de descolonización en África en las décadas de1960 y 1970, que desembocaron en dictaduras y guerras civiles. 

La caída del Muro de Berlín en 1989 también generó epectativas que no se han concretado. Un fenómeno cultural surgido de la desilusión es la Ostalgie, la nostalgia por el Este comunista y el olvido selectivo de sus aspectos más negativos, sobre todo en materia de derechos humanos.    

En las elecciones del 24 de junio, el pueblo egipcio eligió por primera vez a un presidente de manera democrática. Y votó también por el menos peor, es decir, tuvo que decidirse entre el candidato de los militares o el candidato de los islamistas. El gran reto ahora, es concretar las grandes espectativas creadas durante la Revolución Árabe. La experiencia de la desilusión colectiva logró liberarse de un dictador y el yugo militar, es de esperarse que la sociedad egipcia sepa exigir al nuevo gobierno un cambio verdadero. 

¿Y qué haremos los mexicanos con nuestra desilusión? Compartimos el descontento por la desigualdad, la violencia y la disminución de la calidad de vida. Existe un convencimiento colectivo de que las perspectivas no son favorables y de que el cambio es necesario. Por eso México votará por el candidato menos malo. Sin embargo, la diversidad de intereses y de niveles de información de los distintos sectores sociales, dificultan un cambio que llegue a satisfacer las espectativas de las mayorías. 

El resultado de las elecciones de julio no se traducirá en un cambio inmediato que erradique la corrupción y el desprecio por la educación y la investigación científica, por ejemplo. Los ejemplos históricos de las experiencias de desilusión colectiva que describí anteriormente muestran ante todo, que se trata de procesos que abarcar largos periodos de tiempo y exigen un esfuerzo que va más allá del ejercicio del voto.  

La sabiduría popular dice que la esperanza muere al último. ¡Pero también muere! Por su parte, Gabriel Zaid es más optimista. “Se comprende el pesimismo de los que sienten (como en el antiguo régimen) que no estamos preparados para la democracia; y que es mejor la presidencia absoluta. Pero no hay que ser tan pesimistas, ni olvidar las barbaridades de la presidencia absoluta. La democracia se hace lentamente y desde abajo, fuera de los partidos y fuera del Estado, construyendo una vida pública más autónoma y, en particular, organismos ciudadanos que obliguen a funcionar debidamente esta y aquella ventanilla, por lo pronto. La sociedad mexicana avanza desde hace décadas, y ahora lleva a rastras una clase política que estrena su libertad del yugo presidencial, la disfruta ampliamente y busca su interés antes que el interés público.”


Yo no espero grandes sorpresas. Insisto, la desilusión colectiva vota por el candidato menos malo. Los resultados tras las elecciones pueden desembocar en la resignación, la frustración, la radicalización o bien, la negociación de las espectativas acumuladas. De cualquier modo, estamos por iniciar un nuevo gran proceso de aprendizaje. Y eso, es lo más importante. 




3 comentarios:

  1. Podrías por favor suministrame la dirección electronica o en su defescto el libro donde aparece la conferencia de Max Planck que citas arriba;La posición de la nueva física ante la intuición mecánica de la naturaleza.

    Gracias.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Anónimo, la referencia bibliográfica de la cita de Planck está indicada en el link (en azul “definición”), que lleva a una página de “Wikiquote”. La que yo usé y traduje es la primera de la página. Al final del párrafo, también en azul indica el link de la cita, correspondiente a la página “63” del libro titulado “Max Planck, Physikalische Rundblicke - Gesammelte Reden und Aufsätze, S. Hirzel Verlag, Leipzig 1922. S. 63”, que se encuentra digitalizado en “google books”.
      Un problema puede ser el idioma, pues generalmente los escritos menores, como cartas o conferencias, sólo aparecen editados en el idioma original. El libro citado es de 1922. Sin embargo, seguramente existe alguna edición en inglés con los escritos citados, o tal vez los encuentres en una muy buena biografía de Planck.

      Eliminar