viernes, 22 de junio de 2012

Los Salafistas de Cartago


La gran Cartago dirigió tres guerras.” Escribió alguna vez Bertolt Brecht. “Después de la primera todavía era poderosa, después de la segunda todavía habitable. Después de la tercera ya no era posible encontrarla.” El binomio “Cartago” y “delere” pasó a formar parte de la historia.  

Delere: Destruir, destrozar, demoler, borrar, anular, causar estragos. 

Cartago ha sido nuevamente escenario de la destrucción, pero ésta vez, dirigida a destrozar obras de arte, a anular la libertad de expresión, a causar estragos en la cultura, a borrar los rasgos de progreso y civilización, a demoler el pensamiento crítico y a borrar del mapa a un Estado laico para imponer la Sharia y hacer de Túnez  una república islámica. Esta vez, los causantes de la destrucción no son las legiones de un imperio enemigo, sino las hordas islámicas autóctonas: Los Salafistas de Cartago. La palabra Salafista se deriva del vocablo árabe salaf, que significa “los ancestros piadosos”.  Es una rama del Islam conservadora, particularmente radical e intolerante.


Del 2 al 10 de junio se presentó en el Palacio Abdellia de la ciudad La Marsa, a 18 kilómetros de la capital Túnez, la muestra de arte contemporáneo titulada “Primavera del arte”, con obras de artistas independientes y patrocinada por el Ministerio de Cultura. 

 En un acto de autocensura, previo a la inauguración de la exposición en el Palacio Abdellia, los curadores decidieron retirar la invitación al artista plástico Electro Jaye al considerar sus carteles como una crítica directa al Partido Ennahda. Los posters de Jaye muestran la estrella de David, una cruz y la media luna con el texto:  „République Islaïque de Tunisie“. Se trata de un juego de palabras que, en “Islaïque” combina las palabras islámista y laicista. Lo cual se lee como „República Islaicista de Túnez“. 
(Foto Jaye/Artinfo)

 El domingo 10 de junio, un grupo de visitantes, tres hombres y una mujer con velo, exigieron a los curadores de la muestra retirar una serie de obras por considerar que ofendían los valores sagrados del Islam. Los organizadores se negaron a tal petición. El grupo amenazó con acciones jurídicas y lanzó un ultimátum para retirar las obras antes de las seis de la tarde, prácticamente poco antes de la clausura oficial del evento. Algunos artistas que se encontraban ahí, comentaron el incidente a través de las redes sociales y pronto se reunió un grupo de unas 200 personas en las instalaciones de la muestra para apoyar a los artistas. Poco después fueron desalojadas por la policia de manera pacífica. Pero también los visitantes inconformes hicieron uso de las redes sociales para publicar los nombres de los artistas y para incitar una gran movilización. Cerca de la medianoche, un grupo de Salafistas se reunió fuera del Palacio Abdellia, irrumpieron en las salas y destruyeron una docena de cuadros, esculturas e instalaciones.    

Entre ellas, se encontraba un tríptico de un hombre con los ojos, las orejas y los labios cocidos con hilo y aguja; el retrato de un hombre barbado y enojado al que le salía humo por las orejas; un acto femenino frente a un grupo de hombres barbados; una obra titulada “Ring”, la cual mostraba una serie de rostros femeninos pintados en los sacos de entrenamiento que usan los boxeadores; una representación de la palabra “Alá” formada con los cuerpos de hormigas. En algunos medios se dice que no eran hormigas, sino moscas muertas.


 
 “Smell”, instalación de Nadia Kaabi-Linke expuesta durante la Bienal “Cartago Contemporáneo” en el Centro Cultural Akropolium en la ciudad de Cartago. 
La leyenda salafista “No hay más Dios que Alá y Mohamed es su profeta”, formada con flores de Jazmín cocidas sobre un paño negro, desaparece cuando se marchitan y caen. Al final queda la bandera negra de los Salafistas como muestra de lo poco que representan para el futuro de Túnez. 
(foto dpa/SZ)

 La destrucción de las obras de arte marcó el inicio de una ola de disturbios durante varios días en varias ciudades del país. Además de causar daños a centros de cultura y al Instituto de las Bellas Artes, los Salafistas incendiaron puestos de policía, oficinas de partidos políticos laicos, bares y tiendas donde se vende alcohol. Cientos de personas resultaron heridas, una murió y se registraron más de 150 detenciones. 

Túnez es considerado un país liberal, recordemos que ahí se inicio la Primavera Árabe, que a nivel interno desembocó en la Revolución del Jazmín, que destituyó al presidente Zine el Albidine Ben Ali (en el poder de 1987 a 2011).  Sin embargo, los intereses de los grupos islámicos lidereados por los Salafistas dominan la conformación del gobierno de coalición a través del Partido Islámico Ennahda (“Partido del Renacimiento”, prohibido antes de 2011 y ahora uno de los más fuertes en el país.

Las declaraciones de las autoridades sobre los hechos muestran el nivel de infiltración del pensamiento  religioso en las estructuras del nuevo gobierno, aparentemente laico. El Ministro de Cultura Mehdi Mabrouk dijo defender la libertad del arte, pero al mismo tiempo expresó que el arte no debía tocar los temas sagrados o símbolos religiosos, ni ser revolucionario. Además acusó a los artistas de no acatar su obligación moral y jurídica, y les recomendó evitar cualquier provocación para asegurar la libertad de expresión. Finalmente calificó a varias de las obras destruídas como de baja calidad artística. Por su parte, el Ministro de Derechos Humanos Samir Dilou calificó la irrupción en el Palacio Abdellia como un acto terrorista, pero enfatizó que el pueblo tiene derecho de encolerizarse ante el arte que ofende a Dios. Como era de esperarse, el Ministro de Asuntos Religiosos Nourredine Khadami exigió que la violación de los símbolos sagrados del Islam debería castigarse con la ley.
 
Los analistas políticos coinciden en que las revueltas responden a la manipulación orquestada entre los Salafistas y el Partido Ennahda para debilitar a los partidos laicos con los que comparte el poder.  Ennahda esta conformado con una base islámica conservadora, empeñada en “defender” al Islam y reducir el rango de libertad de la población, a imponer la Sharia en la Constitución y a hacer de Túnez un Estado islámico.  

 “Los musulmanes creen ser protegidos por Alá. Los islamistas creen tener que proteger a Alá”  
Hamed Abdel-Samad, politólogo e historiador alemán con raíces egipcias, miembro del Consejo Asesor de la Fundación Giordano Bruno.
(Foto fb)

 Los Salafistas hacen todo lo posible por materializar la sentencia que los identifica: “Regresar al Corán”, eso significa imponer los preceptos religiosos en todos los aspectos de la vida. Uno de sus objetivos más ambiciosos es la reimplantación del califato, como una manera de distinguirse de las corrientes más moderadas que consideran a la democracia y el socialismo como sistemas compatibles con el Islam. En su lógica religiosa, su estrategia busca liberar a Túnez de la democracia e instalarlo en un estado de desarrollo similar al que existía en los tiempos de la tercera generación después de Mahoma. Sueños magufos, pero peligrosos. 




2 comentarios:

  1. "les recomendó evitar cualquier provocación para asegurar la libertad de expresión"

    Eso es TAN típico: "Puedes tener libertad de expresión, pero nada más la que yo diga".

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es, totalmente absurdo! Sobre todo, cuando la recomendación la hace precisamente el "Ministro de Cultura". Quién sabe cuál sea su carrera profesional, pero seguramente no tiene nada que ver con artes o humanidades.

      Lo que si saben los gobiernos autocráticos y autoritarios, es que el arte es una expresión del pensmiento crítico porque implica una serie de procesos: Conocer, pensar, reflexionar, experimentar, actuar y crear. Y lo más importante, lleva a los expectadores a activar los mismos procesos. Es un multiplicador del pensamiento crítico!

      Lo que ellos desean es un arte dirigido exclusivamente al deleite de los sentidos. Cualquier tipo de libertad de expresión se opone a su idea de control absoluto.

      Fuera de los salafistas que destruyeron las obras en La Marsa, las masas que protagonizaron los disturbios en los días siguientes nunca vieron las obras, les bastó el llamado de los líderes religiosos para actuar. Masas cautivas!

      Eliminar